Producción • Nutrición animal

Aditivos alimenticios: una herramienta estratégica para producir más y de manera sostenible

Incorporados en pequeñas cantidades en las distintas etapas de crianza, permiten no solo mejorar las características del alimento sino también la salud y el desempeño productivo en aves y cerdos.

  • 21/08/2026 • 10:14
Fotos: Banco de imágenes

Por: Mg. Prof. Ing. Carlos Rodríguez, gerente de Producto en BEDSON S.A.

En la crianza intensiva, incluyendo las crianzas avícola y porcina, es sumamente recomendable trabajar en la prevención por varios motivos. Trabajar en la prevención implica ocuparse del bienestar animal: brindarles a los animales un entorno saludable, reduciendo el nivel de estresores, y aportándoles una alimentación de calidad, garantizando el aporte de los nutrientes y disminuyendo lo más posible la presencia de contaminantes. 

Las consecuencias de llevar a cabo estas prácticas son inmediatas: Reducción en la mortandad y en la incidencia de enfermedades, mejores rindes productivos y mayor uniformidad, y una producción más sustentable tanto desde el punto de vista regulatorio como de la salubridad del producto alimenticio cuyo destino es la alimentación humana. Menor incidencia de enfermedades implica una reducción drástica en la necesidad del uso de fármacos veterinarios, incluyendo antibióticos, y esto tiene decididamente un impacto ecológico innegable: menor desarrollo de la resistencia a los antimicrobianos (RAM) tanto por la menor interacción con el microbioma habitual de la granja de producción, como por la menor disposición de residuos conteniendo carga de antimicrobianos que terminan en los efluentes. 

Con este objetivo global como norte, parte de las buenas prácticas a las que hacemos referencia implica el uso de ingredientes seguros y estandarizados que mejoren la calidad de vida de los animales en crianza intensiva, y que, tanto por mitigar las alteraciones derivadas de la exposición a múltiples estresores, como por la optimización de procesos fisiológicos, propician mejores resultados zootécnicos a la vez que reducen la incidencia de enfermedades. En síntesis: cuidamos la salud de los animales en crianza intensiva y también obtenemos un uso más eficiente de la energía provista mediante el alimento.

Los ingredientes de los que hablamos son los aditivos alimenticios, que se incorporan al alimento en pequeñas cantidades para mejorar sus características, la salud y el desempeño productivo del animal. Entre estos hay de varios tipos: Los tecnológicos, que actúan sobre el alimento, y aquí incluimos a los secuestrantes de micotoxinas; los nutricionales, que comprenden vitaminas, minerales y aminoácidos; los organolépticos, de menor relevancia práctica en producción avícola; y los zootécnicos, que actúan promoviendo el desempeño productivo sin ser nutrientes. Profundizamos en estos últimos, que cobran a mi entender mayor relevancia, y los clasificamos en dos grandes grupos: Moduladores fisiológicos y Eubióticos.

Los moduladores fisiológicos optimizan los procesos metabólicos del animal mediante la regulación de funciones fisiológicas clave, favoreciendo una utilización más eficiente de los nutrientes, una mejor adaptación a los desafíos productivos y un mayor rendimiento. Por ejemplo: hepatomoduladores, moduladores del metabolismo energético, lipídico, antioxidantes funcionales y cofactores metabólicos entre otros. 

Entre los productos naturales encontramos varios ejemplos que satisfacen esta propiedad, combinando incluso varios de los efectos benéficos a la vez. Por ejemplo, uno muy conocido y extensamente probado es el extracto de las hojas de alcachofa (Cynara scolymus), que tiene funciones hepatobiliares, favoreciendo la digestión y la absorción de nutrientes y en especial de aquellos de naturaleza lipídica, como antioxidantes, contribuyendo al mantenimiento de la salud celular frente al estrés oxidativo. Esta propiedad se debe a la presencia de sus fitoquímicos: ácidos cafeoilquínicos (siendo los más representativos el ácido clorogénico y la cinarina) y flavonoides (destacándose la Luteolina-7-O-glucósido).  

Otros extractos notables incluyen al extracto de cúrcuma, de potente antioxidante y antiinflamatorio, con target en el hígado y en el intestino; al extracto de capsicum, modulador digestivo y vasodilatador, que actúa fundamentalmente a nivel intestinal; y el cardo mariano, cuyo principio activo es la silimarina, un hepatoprotector de amplio uso. La silimarina no es una molécula única, sino un complejo de flavonolignanos que incluyen a la silibinina A y B, isosilibinina, silicristina y silidianina, que estabilizan la membrana de los hepatocitos, aumentando las defensas antioxidantes endógenas y favoreciendo la regeneración hepática. Muchos de estos ingredientes han tenido su uso primero en humanos, y este uso ha apalancado luego la aplicación en crianza intensiva. Uno muy interesante es el arándano americano, que aporta polifenoles antioxidantes y ácidos orgánicos de interés fisiológico.

La lista de ingredientes naturales es interminable. Siempre debemos asociar su potencia de uso a la concentración de las sustancias fitoquímicas que contienen y que pueden ser determinadas de manera analítica. Tanto pesa la concentración en estas sustancias como la inclusión del extracto en la dieta para obtener resultados productivos esperables.

Algunos ingredientes del tipo moduladores metabólicos son sustancias sintéticas muy conocidas: colina, betaína y otros compuestos metildonadores, por ejemplo, que si bien están presentes en la naturaleza se las obtiene mediante síntesis y, producidas bajo estándares de calidad en materia de seguridad alimentaria, pueden usarse sin problemas obteniendo beneficios como mejoras en el metabolismo lipídico o en la resiliencia al estrés térmico. 

El otro gran grupo de aditivos zootécnicos es el de los eubióticos, de aplicación exclusiva sobre la microbiota intestinal. Esta aplicación es tan relevante para justificar una clasificación dentro de los aditivos zootécnicos porque de manera basal, el sostenimiento de la integridad intestinal representa uno de los principales destinos de la energía de mantenimiento tanto en aves como en cerdos. En situaciones de disbiosis o inflamación intestinal, esta demanda energética aumenta considerablemente, desviando energía que de otro modo sería destinada al crecimiento, la producción o la reproducción. Y la disbiosis es justamente aquello que queremos prevenir. Entre los eubióticos incluimos varios productos conocidos por todos: prebióticos (destacándose la inulina y los fructanos en general, y que constituyen el combustible que necesita la microbiota benéfica para propagarse); probióticos (que son los microorganismos benéficos en sí); posbióticos (productos metabólicos de la propia microbiota benéfica); simbióticos (combinación entre prebióticos y probióticos) y también debemos incluir a los moduladores antimicrobianos selectivos, productos de creciente interés que limitan el crecimiento de las bacterias patógenas dejando un microambiente favorable para el desarrollo de los microorganismos benéficos y previniendo efectivamente el desarrollo de la disbiosis intestinal. Aquí destacan aceites esenciales (orégano, canela, tomillo, y otros); extractos bioactivos (como el ajo), y sustancias idéntico-naturales, como el carvacrol, el timol y el cinamaldehído, presentes en los productos naturales citados pero que se obtienen mediante síntesis.

La combinación entre componentes de diferente actividad puede atender múltiples necesidades metabólicas. Por ejemplo, en los primeros 21 días de vida de los pollos parrilleros, debido a la conformación del eje intestino – hígado y al establecimiento de la microbiota basal, es fundamental la aplicación conjunta de eubióticos con potenciadores metabólicos, especialmente aquellos de incidencia hepática, ya que promocionaremos la crianza desde su inicio, logrando efectos sinérgicos que potencian el desarrollo temprano del ave y generan beneficios productivos que difícilmente puedan alcanzarse actuando sobre un único eje fisiológico. 

En conclusión, la aplicación de ingredientes que cuidan la salud de nuestros animales requiere de un manejo estratégico considerando los objetivos fisiológicos de cada etapa en la crianza. 

El futuro de la producción animal no pasa por intervenir cuando aparecen los problemas, sino por prevenirlos desde la nutrición. Allí es donde los ingredientes funcionales dejan de ser un complemento y se convierten en una verdadera herramienta estratégica para producir más, mejor y de manera sostenible.

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