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Carne de pollo, una tendencia que ganó su lugar entre los consumidores

El consumo de carne de pollo en Argentina igualó, y hasta superó en los últimos años, al de carne vacuna, lo que posiciona a esta proteína como la elegida en 2026 no solo por precio sino por sus aportes nutricionales, practicidad y versatilidad. 

  • 25/02/2026 • 09:51
Fotos: Pexels

Por: Carlos Sinesi, Silvina Campos Carles, Ma. Dolores Fernández Pazos. CEPA/CINCAP

 

La carne de pollo es actualmente una de las más consumidas en el país y en el mundo. El aumento de consumo, desde hace ya unos años, ha sido exponencial. Para el año 2000, en Argentina, se consumían alrededor de 20 kilos por habitante por año de pollo. Ya para el 2015, el consumo aparente se duplicó y se situó alrededor de los 42 kilos. En la actualidad, y con un récord histórico, se consumen entre 47 y 49 kilos de pollo por habitante por año. Teniendo en cuenta que el consumo aparente total de las principales carnes (pollo, vaca y cerdo) es de alrededor de 115 kilos por habitante por año, el protagonismo de la carne de pollo en nuestras mesas se torna indiscutible.

Durante 2024, el Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA) realizó la tercera edición de un estudio con consumidores que lleva a cabo cada 5 años desde 2014, con el objetivo de identificar los conocimientos, creencias y necesidades del consumidor. En esta oportunidad, además del tradicional estudio observacional cualitativo, se sumó una edición cuantitativa de carácter representativo nacional. Se encuestaron 1000 personas de la mayoría de las provincias argentinas en el rango entre 25-65 años y diferentes niveles socioeconómicos. Los resultados fueron sumamente enriquecedores. En lo que respecta a la frecuencia de consumo, el 85% de los encuestados refirió consumir pollo entre 1 y 7 veces por semana. Dentro de ellos, un 11% manifestó una frecuencia de consumo casi diaria. 

Unos años atrás, el principal driver de consumo de esta carne era el precio: el pollo era sinónimo de accesible. A partir de 2019, sin embargo, el estudio cualitativo reveló que la salud comenzaba a aparecer como motivo de elección de esta carne en los hogares, y ya no sólo era el factor económico. En 2024, los motivos por los cuales el consumidor elige en la actualidad al pollo, se ampliaron: precio (22%), relación precio-calidad (15%), versatilidad (14%), saludable y nutritivo (12%) y le gusta a toda la familia (12%).  También se apreciaron otros aspectos como su fácil preparación, su sabor y su practicidad.     

La carne de pollo como recurso y solución

La pandemia por COVID 19, intensificó el cambio de paradigma que comenzaba en los años previos: la vuelta a la cocina y la elaboración casera de alimentos, “como lo hacían nuestras abuelas”. Esto se conjuga con la existencia de un consumidor cada vez más observador y crítico de la industria alimentaria. La información (o sobreinformación) en redes sociales e internet, así como diversas corrientes alimentarias, han hecho que se mire con recelo a los alimentos industrializados. Esto se potencia con la llegada de la Ley de Promoción de Alimentación Saludable o “de etiquetado frontal”, como se conoce popularmente. Como resultado, el consumidor desafía a la industria, busca alimentos más “reales” y frescos y, como consecuencia de todo, vuelve a la cocina. Las redes sociales, en este sentido, se tornan un aliado por la diversidad de recetas que proporcionan. Las recetas con pollo son elegidas por influencers, profesionales y gastronómicos, que aprovechan la versatilidad de esta carne. Sin embargo, se torna necesario trabajar intensamente en la comunicación responsable y basada en evidencia científica acerca de alimentos y productos alimenticios, para no promover mensajes erróneos o mitos alimentarios.  

Perfil del consumidor

En el estudio cualitativo se han identificado distintos perfiles de consumidores: el hedonista, el práctico, el resolutivo y el dedicado. 

El consumidor hedonista es aquel que busca en sus elaboraciones el placer, la salud y el disfrute al momento de comer.  Por su parte, el práctico busca evitar un gran esfuerzo al momento de cocinar, sin considerar la calidad y la salud en mayor medida. El resolutivo, en cambio, cocina porque “hay qué” pero intenta hacerlo lo más sencillo posible. Y el dedicado, finalmente, interpreta a la preparación de alimentos como un acto de entrega a sí mismo y a los otros, a la cocina como una habilidad y a la elaboración propia como una práctica de alimentación saludable.

Las investigaciones realizadas han concluido que todos los perfiles de consumidores detectados se valen de la carne de pollo en sus cocinas. Una de las principales ventajas destacadas del producto es su versatilidad, de la mano de su practicidad. El pollo permite preparaciones muy sencillas y rápidas, pero también platos más sofisticados. “El pollo no falla”, mencionaban los participantes de los grupos focales. Y, además, es económico, rendidor y un producto fresco.   

En el estudio de 2024 el 99% de los encuestados refirió que las milanesas eran lo más preparado o consumido con pollo. Luego de ello, le siguen en importancia las pechugas de pollo, la pata muslo y el pollo entero. Otras preparaciones, también frecuentes, fueron el pollo al horno, los guisos con pollo, el pollo a la plancha, las empanadas de pollo, el pollo a la parrilla y las ensaladas y tartas con pollo. 

Además, al consultar por las comidas fuera de casa, casi 4 de cada 10 entrevistados refirieron elegir preparaciones con pollo. Encabezaron la lista la milanesa de pollo, y se mencionaron también pollo a la parrilla, empanadas, pechuga a la plancha y salpicón o ensaladas, entre otros. 

¿Qué ventajas se destacaron?

Los consumidores han destacado, como principales ventajas de la carne de pollo, las relacionadas con la salud (53%). Entre las primeras: su bajo contenido de grasas, su aporte proteico, su valor nutritivo y su aporte de minerales. En segundo lugar, se han mencionado las relacionadas al precio (26%) y luego las referidas a su cocción o preparación (18%), las inherentes al producto (12%), las vinculadas a la ingesta (12%) y, por último, a gustos o hábitos (3%).  

La carne de pollo suele elegirse fresca, en lugar del producto congelado. Tal es así que un 65% refirió comprarlo fresco para luego congelarlo en casa. De éstos, un 34% lo compra exclusivamente para freezar. El resto, a veces lo consume en el momento y luego lo freeza. Esto marca un punto fundamental: el consumidor, por un lado, desconoce las ventajas de comprar el producto ya congelado y no parece saber de la existencia de los productos congelados individualmente o “IQF”.  Por otro lado, se conjugan dos factores adicionales: el valor agregado que pueden tener estos productos en ocasiones y la desconfianza en la logística y cadena de frío. 

Se observa una fuerte tendencia a elegir puntos de venta vecinos o de cercanía, donde el pollo es manipulado por una persona: “el pollero”. El consumidor confía en el vendedor más que en el envase del producto. Claramente, esto también se relaciona con la elección del producto “en su estado más natural” y no en paquetes. Ahora bien, ¿esto es realmente beneficioso? ¿Cómo se controla el origen del producto? ¿Su fecha de vencimiento? ¿El establecimiento que lo elabora? Un producto sin envase pierde la trazabilidad. Es precisamente allí, en el envase del producto, donde reside la información, y es con esa información que se puede elegir de forma consciente qué se consume. 

El consumidor, ¿está más atento a su salud?

En los últimos años, de la mano de la creciente cantidad de información disponible y de la aparición de la Ley de Promoción de Alimentación Saludable, pareciera ser que aumenta el interés por alimentarse de forma consciente y saludable. Un 61% de los encuestados refirió la búsqueda de información de alimentación en internet y un 32% en redes sociales, lo que no resulta sorprendente. Sin embargo, sí lo fue encontrar que casi 4 de cada 10 encuestados (37%) consultaba con especialistas sobre temas de alimentación y nutrición. Esto se observó también en la parte cualitativa del estudio, en todos los niveles socioeconómicos y etarios que participaron de los grupos focales. 

¿Cómo se posiciona la carne de pollo en una alimentación saludable?

La carne de pollo es parte de una alimentación saludable. En una porción de pollo, equivalente a media pechuga o un muslo mediano, se encuentra casi el 50% de las proteínas de buena calidad que necesita un adulto promedio en el día. Además, el contenido de grasa es muy escaso (sólo 2 g de grasa en el caso de la pechuga sin piel y 7g de grasa en la pata muslo sin piel) y de predominio saludable. Dicha porción aportará también minerales como el selenio, el zinc, potasio, fósforo y hierro de buena disponibilidad, principalmente, y vitaminas del complejo B. 

Desde los 6 meses de vida, con el inicio de la alimentación complementaria, y hasta en las últimas etapas de la vida, la carne de pollo es un alimento ideal. Sus aportes nutricionales junto con su fácil masticación y digestibilidad lo hacen un alimento sumamente provechoso. Si a eso se le suma su versatilidad y su practicidad, tendremos un gran aliado en nuestra cocina.