Producción • Nutrición Animal

El rol estratégico de los aditivos zootécnicos para una nutrición de precisión en crianza avícola y porcina

Programar desde los primeros días de crianza una dieta que fortalezca la microbiota intestinal, es una forma de reducir las enfermedades y, a su vez, lograr la optimización de la ganancia productiva.

  • 04/06/2026 • 09:26
Fotos: Banco de imágenes

Por: Ing. Prof. Mg. Carlos Rodríguez. Gerente de Productos en Bedson S.A.

Como es de público conocimiento, la crianza intensiva enfrenta en forma creciente las siguientes tendencias: Mayor demanda en los niveles de producción; disponibilidad de recursos más acotada; mayores desafíos en calidad de los insumos, especialmente debido a los condicionantes que imponen una logística muy complicada y que tienden a recrudecerse a futuro, a la vista de los conflictos internacionales.

Por otro lado, las entidades regulatorias aumentan sus exigencias, porque la resistencia antimicrobiana es una amenaza a futuro innegable que nos condiciona en nuestro proceder, debiendo adoptar medidas precautorias como buenas prácticas, uso de insumos de calidad y aplicando la nutrición de precisión: una estrategia para fortalecer fisiológicamente a los animales en producción con el objeto final de reducir significativamente la incidencia de enfermedades y, en consecuencia, reducir la necesidad del uso de antibióticos y otros fármacos.

¿A qué le llamamos Nutrición de Precisión? 

En alimentación humana, se trata de un enfoque personalizado que utiliza datos genéticos, metabólicos y estilo de vida para adaptar la alimentación a las necesidades únicas del individuo. El objetivo es el de optimizar salud y bienestar, y prevenir enfermedades. Y allí es donde encontramos el punto en común con la nutrición de precisión en crianza animal intensiva, con la diferencia en que nosotros tratamos poblaciones antes que individuos. Es un enfoque diferente a la nutrición tradicional en la que se busca cumplimentar los requisitos nutricionales mínimos. 

La nutrición de precisión ya no se basa entonces en los macronutrientes, sino en qué estrategias coadyuvantes de la correcta nutrición implementamos en cada etapa, siendo siempre la que corresponde a las etapas iniciales de la crianza la más importante. Para estos fines, es fundamental la incorporación inteligente de aditivos zootécnicos, aquellos que destinados a mejorar la performance productiva, no son en sí nutrientes.  

Entre los aditivos zootécnicos tenemos una clasificación de base: por un lado, contamos a los moduladores del metabolismo, lo que incluye a enzimáticos, reguladores de pH (en la fisiología animal), hepatomoduladores, antioxidantes funcionales y otros. A través de estos aditivos, logramos que el animal desempeñe mejor su batería fisiológica para optimizar el aprovechamiento de nutrientes y se protejan. Son bien conocidos los efectos de ciertos extractos vegetales, como el Extracto de Alcachofa o el extracto de cúrcuma; vitaminas como la Vitamina E y la Vitamina C, o aminoácidos y otras sustancias nitrogenadas, como la colina, la betaína y la carnitina. Algunas de estas sustancias producen uno o varios de los siguientes efectos: mejoran la función hepática proveyendo un efecto detergente que permite asimilar mejor compuestos hidrofóbicos; coadyuvan en los mecanismos de detoxificación de sustancias como las micotoxinas; y otros previenen a las células del tracto digestivo de reactivos oxidantes.

Por el otro lado, tenemos a los eubióticos, aditivos que específicamente contribuyen al fortalecimiento y al mantenimiento de una microbiota intestinal benéfica. En este grupo incluimos a probióticos, prebióticos, posbióticos, simbióticos y también a ciertos antimicrobianos que ejercen un efecto modulador específico sobre el microbioma intestinal, como lo son algunos aceites esenciales (orégano, canela y otros) y sus idéntico-naturales, o bien algunos ácidos orgánicos y sus sales.

¿Por qué resulta tan significativo garantizar la salud intestinal? 

Porque en su manutención y funcionamiento se destina gran parte de la energía metabolizable provista por el alimento (entre un 20 y un 30%) y además porque es la principal barrera frente a las enfermedades de cualquier índole, siendo el principal órgano fabricante de sustancias relacionadas con el aparato inmunocompetente. Si hablamos de la disbiosis (lo opuesto a la eubiosis), entonces esa energía destinada a la manutención del intestino como órgano asciende a casi un 40%. Esto puede corroborarse realizando un análisis histomorfométrico de los cortes intestinales, y relacionando la altura de las vellosidades (Vh) con la profundidad de las criptas (Cp). Teniendo criptas más profundas, y vellosidades más pequeñas, es un indicativo de que el intestino está regenerándose frente a daños de diversa índole, y eso es gasto de energía que no constituirá ganancia productiva sino solo supervivencia. 

Si combinamos las estrategias mirando al animal como un todo, los resultados serán óptimos, además las asociaciones suelen ser sinérgicas. Tanto mejorando la respuesta fisiológica a la demanda metabólica como articulando mecanismos de defensa frente al estrés oxidativo (ambas cualidades que se logran muy bien mediante aditivos moduladores del metabolismo), y adicionando a esto una microbiota intestinal saludable, el animal estará preparado para absorber mejor los nutrientes y reducir la incidencia de enfermedades. 

Iniciar la crianza intensiva fortaleciendo desde el inicio el microbioma intestinal y también su fisiología, proveerá al animal una condición de base, y especialmente una microbiota de base, sobre la cual resultará muy escasa y dificultosa la incidencia de enfermedades, además de lograr la optimización de la ganancia productiva.

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